¿Grado en Traducción sin Interpretación?

¿Grado en Traducción sin Interpretación?

Por Aurora C. Mena | 21 de octubre de 2018

∎ Los planes de estudio del Grado en Traducción e Interpretación varían según la universidad española en la que estudies, pero un aspecto que suelen compartir es el de las escasas asignaturas de interpretación: como regla general, solo se imparten dos asignaturas obligatorias y un par de optativas, y eso solo a partir de tercer año. Antes de eso, los alumnos apenas tienen contacto con la toma de notas (si es que lo tienen) ni adquieren y desarrollan las destrezas necesarias para interpretar.

¿Son solo dos asignaturas capaces de formar correctamente a aquellos que quieran dedicarse a la interpretación? ¿La oferta es tan escasa en todas las universidades, o hay excepciones?

A continuación vamos a echarle un vistazo a los planes de estudios de las mejores universidades de Traducción e Interpretación según el ránking 2018 del periódico El Mundo. También veremos un poco la metodología que se suele seguir en todas las universidades y si basta para formar a un intérprete o, tal y como se cree, es absolutamente necesario un máster para tener futuro en esta profesión.

1. Conceptos básicos: traducir e interpretar.

Para quien sea nuevo en esto o esté un poco perdido, antes de nada me gustaría dejar clara la diferencia entre traducción e interpretación antes de empezar.

De manera muy resumida podemos decir que la principal diferencia entre ambos es el medio: mientras que la traducción es escrita y traduce el mensaje de un texto escrito en una lengua B a una lengua A, la interpretación es oral e inmediata. Su medio de comunicación no es el texto escrito, sino la lengua hablada, y para ello hace uso de cabinas, técnicas de toma de notas, etc.

2. Destrezas necesarias para ser buen intérprete

Algunas son innatas y se potencian con el estudio y la práctica; otras, por el contrario, se adquieren durante nuestra formación.

En general, un intérprete necesita un buen control de las emociones, de los nervios y de las situaciones de estrés. Además, deberá contar con una gran capacidad para concentrarse, resistencia para aguantar el esfuerzo mental que supone interpretar y capacidad para improvisar y desenvolverse ante el público. Todas estas forman parte de las competencias que pueden venir de serie con la personalidad del futuro intérprete. Las demás se adquieren gracias al trabajo personal y a la formación recibida de los docentes. En ellas entrarían el excelente conocimiento de las lenguas de trabajo (sí, nuestra lengua materna también tenemos que trabajarla y saberla al dedillo); capacidad de análisis, síntesis y construcción del discurso; y memoria a corto, medio y largo plazo. Probablemente más de uno consideraría que esta última debería englobarse en las capacidades innatas. No obstante, y si bien es verdad que hay personas con más memoria de serie que otras, yo considero que el desarrollo de esta capacidad puede trabajarse perfectamente con los ejercicios  y pautas adecuados.

3. Interpretación en la universidad

 

3.1. planes de estudio y Guías docentes*

Como ya hemos dicho antes, la norma suele ser que los estudiantes de TeI se introduzcan en el mundo de la interpretación en tercer año de carrera. Teniendo en cuenta que el grado dura cuatro años, estamos hablando de una diferencia de cuatro años dedicados a la traducción versus dos años a la interpretación. Además, en estos dos años las asignaturas obligatorias suelen ser dosFundamentos de interpretación e Interpretación simultánea o bilateral (los nombres varían de una universidad a otra, pero suelen consistir en eso).

Fundamentos de interpretación, cursada en tercer año, suele centrarse en dar a conocer al estudiante todos los tipos de interpretación que existen (consecutiva, simultánea, bilateral, susurrada, a vista…) y practicar cada una de ellas. Por supuesto, se trabajan la toma de notas, la actitud ante el público, el análisis y construcción del discurso, etc. También se informa sobre la profesión del intérprete y el mercado laboral. En el caso de que la guía docente incluya interpretación simultánea en esta asignatura, los estudiantes tendrán acceso a las cabinas.

En cuanto a Interpretación simultánea o bilateral, que se imparta una modalidad u otra depende mucho de cómo lo tenga planteado la universidad. En la mía, la Universidad Pablo de Olavide, se cursa la bilateral, pero en mi año en Salamanca comprobé que allí se hacía simultánea. En Granada, por ejemplo, lo engloban todo en Interpretación I e Interpretación II, aunque según el cambio de licenciatura a grado la correspondencia es la misma:

Correspondencia de las asignaturas de interpretación de la Licenciatura y el Grado en Traducción e Interpretación. Universidad de Granada (UGR).

Aparte de estas asignaturas, el estudiante puede elegir algunas optativas para completar su formación como intérprete. La oferta de las mismas varía radicalmente de una universidad a otra.

______________________

*Como os podréis imaginar, me es imposible hablar con exactitud de todas las universidades españolas que ofertan TeI y la metodología que utiliza cada una. Toda la información de este apartado pretende aportar una visión global, general y siempre según mi experiencia o la de otros compañeros, por lo que puede que no se ajuste a lo que algunos hayáis vivido y estéis viviendo como estudiantes. Toda sugerencia y/o discrepancia es bienvenida en la sección de comentarios.

 

3.2. Universidades españolas con itinerarios específicos de formación en interpretación

No son muchas, pero hay universidades que ofrecen itinerarios para especializarse en traducción o en interpretación. Esto puede interesar especialmente a los que desde un principio tengan muy claro que quieren ser intérpretes, sobre todo a la hora de elegir universidad. Algunas de las que los ofertan son las que se incluyen en la lista de las mejores universidades para estudiar Traducción e Interpretación del año 2018:

  • Universidad de Salamanca (USAL). Su plan de estudios incluye un Itinerario en Interpretación enfocado a la interpretación simultánea, aunque solo abarca dos asignaturas. Enlace al plan de estudios.
  • Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). El itinerario de esta universidad tiene asignaturas sobre expresión oral, instituciones nacionales e internacionales, mediación social, interpretación bilateral, etc. Enlace al plan de estudios.
  • Universidad Pompeu Fabra (UPF). Su Itinerario en Interpretación incluye asignaturas específica para las modalidades más relevantes: consecutiva, simultánea e interpretación de conferencias. Enlace al plan de estudios.

Fuera del ránking, pero no por ello peores, ofrecen itinerarios:

  • Universitat Jaume I (UJI). Posee el Itinerario en Interpretación y Mediación Cultural, en el que incluyen asignaturas dedicadas a las mediación e interpretación en los servicios públicos. Enlace al plan de estudios.
  • Universidad Complutense de Madrid (UCM). Oferta una serie de optativas de interpretación simultánea y consecutiva que conforman Itinerario en Interpretación de Conferencias. Enlace al plan de estudios.

4. Conclusiones

¿Las asignaturas de interpretación en TeI son suficientes como para formar correctamente a un futuro intérprete? En mi humilde opinión, no. El grado tiene una duración de cuatro años, tiempo más que suficiente para equiparar la formación que se recibe en traducción con la de interpretación. De traducción se tocan más o menos todos los palos y se aporta una idea general de todas sus especialidades a lo largo de cuatro años, mientras que la interpretación queda relegada a un segundo plano. Por muy buenos que sean los docentes y por mucho que podamos aprender, con dos asignaturas de cuatro meses cada una no se pueden hacer milagros. Los estudiantes no toman notas hasta tercero de carrera y entran a las asignaturas de interpretación con un miedo que, en muchos casos, acentúan los docentes.

Es cierto que siempre está la opción de coger optativas, pero la oferta es escasa en la mayoría de los casos.

La cosa mejora en las universidades que ofrecen itinerarios a sus alumnos y otorgan menciones con el título. Si tienes muy claro que quieres ser intérprete, yo optaría por echarle un vistazo a los planes de estudio y ver cuál te convence más. ¿Y si al final te arrepientes o no sale bien? ¡No pasa nada! La ventaja es que todas estas universidades también ofrecen itinerarios en traducción, así que tendrías todas las opciones disponibles a tu alcance.

Sea como sea, con itinerario o no, lo que es seguro es que la interpretación es muy temida tanto por los estudiantes como por muchos profesionales. No todo el mundo puede ser intérprete, y se trata, además, de una profesión que requiere formación continua y a conciencia. Este nivel de exigencia, unido a la escasa oferta de las universidades, hace que cursar un Máster en Interpretación de Conferencias al salir de la carrera absolutamente necesario para el aspirante a intérprete.

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Estudiante de Traducción e Interpretación (FR/EN>ES) y Humanidades. Correctora. Residente en EE. UU. y Francia.

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Traducción voluntaria, ¿sí o no?

Traducción voluntaria, ¿sí o no?

Por Aurora C. Mena | 26 de septiembre de 2018

∎ El debate en torno a la traducción voluntaria no es precisamente nuevo: sus detractores son tantos como sus partidarios, y mucho se ha hablado de los beneficios que aporta y de los inconvenientes que puede traer consigo. Los estudiantes ven en ella una solución a ese hueco vacío en el apartado de experiencia del currículo y, a bote pronto, no parece mala idea: trabajas con textos para ONG que lo necesitan, ayudas, practicas, mejoras tus traducciones… Pero, ¿y si no es todo tan bonito como lo pintan? ¿Y si, como dicen algunos profesionales, muchas organizaciones podrían aprovecharse de la buena voluntad y la necesidad de los traductores más jóvenes?

Aprovechando que yo misma he estado un tiempo traduciendo voluntariamente, en este artículo me gustaría hablaros con objetividad de esta alternativa. Me centraré especialmente en cómo funciona, os daré algunos ejemplos de organizaciones en las que podéis probar si estáis interesados y, además, analizaré sus puntos positivos y negativos. Recalco el tono objetivo del artículo porque considero que el tema ya se ha debatido más que suficiente. Por supuesto que tengo mi propia opinión al respecto, pero, al final, es la propia persona la que elige si le merece la pena o no dedicarle tiempo a traducir gratis. ¿Y qué mejor manera de poder decidir que teniendo a mano todo lo que necesita saber

Tanto si eres estudiante y te llevas planteando un tiempo esto de la traducción voluntaria, como si tienes curiosidad, este es tu sitio. ¡Sigue leyendo!

1. ¿Qué es la traducción voluntaria y quiénes la necesitan?

La traducción voluntaria, como su nombre indica, es aquella que realizas sin ningún tipo de remuneración posterior. Suelen solicitarla aquellas organizaciones  sin ánimo de lucro que, por las circunstancias que sean, no poseen fondos para pagar los servicios de un traductor porfesional pero necesitan que sus actividades e ideas se difundan a varias culturas diferentes. Generalmente suelen ser ONG, revistas colaborativas o fundaciones de diversa índole.

Aquellos que necesiten estos servicios  pueden solicitarlos bien directamente, bien a través de una plataforma que se encargue de contactar con los traductores voluntarios de sus listas y adjudicar el encargo y su correspondiente revisión. Un ejemplo muy conocido de estas plataformas es el de Traductores Sin Fronteras (TWB, por sus siglas en inglés).

También tenéis Global Voices, CaféBabel, TED y otras muchas opciones. Échales un vistazo y cotillea por Google; las posibilidades y temáticas son muy amplias.

2. ¿cómo funciona?

Como cualquier otra plataforma colaborativa. Depende de dónde te interese traducir voluntariamente, pero como norma general te bastará con abrirte una cuenta, rellenar el formulario de inscripción y esperar a que te den luz verde. A partir de ahí, tendrás acceso a la plataforma y recibirás emails cada vez que haya disponible un encargo de traducción en tu combinación de idiomas.

Algunas plataformas, como TWB, también disponen de proyectos que solo remiten a traductores profesionales. Esto implica que, si te interesan este tipo de encargos, tendrás que pasar una prueba de traducción y esperar a que te avisen (según mi experiencia, normalmente tardan entre una semana y dos meses).

También pueden darte instrucciones, glosarios en algunos casos y herramientas TAO online, aunque todo sea dicho, es bastante rudimentario.

Una vez lo entregues, si el cliente lo ha solicitado, tu texto pasará a manos de un revisor. Te enviarán las correcciones cuando todo el proceso finalice.

 

Ejemplo de notificación de un encargo por email y visualización en la plataforma. Haz click en cada imagen para ampliarla.

Lo que sí me gustaría señalar para que quede muy claro es que, sea un proyecto profesional o no, la calidad que se espera de la traducción voluntaria nunca será la misma que la que se espera de una remunerada, y si no es así tenemos un problema y hay que marcar límites. Una traducción perfecta requiere formación, tiempo y esfuerzo y, sobre todo, que se trata de un trabajo. Los que solicitan la ayuda de voluntarios lo saben (o al menos deberían). No digo que se entreguen textos ininteligibles, pero exigir lo mismo de una traducción sin coste alguno sería desvirtuar la profesión.

3. ¿Qué aporta?

Vamos al meollo del asunto: ¿por qué este tipo de voluntariado le interesa a tantos estudiantes de TeI? Pues porque, como ya sabemos, al salir al mercado la experiencia con la que cuentan es casi nula. Y ya se sabe: no encuentras trabajo porque no tienes experiencia, pero no tienes experiencia porque no trabajas. Vernos metidos en ese bucle infinito al salir de la burbuja universitaria da pavor, y una forma de rellenar ese hueco en blanco del currículo es la de la traducción voluntaria. Porque sí, cuenta como experiencia y te mencionan como traductor del proyecto. Además, te envían las correcciones y puedes aprender de ellas (aunque depende, esto no ocurre  siempre), con lo que además de ganar experiencia y ayudar, estarás mejorando como traductor. Si se da el caso de que tienes que ceñirte a unas instrucciones y plazos concretos también es un buen ejercicio de cara al futuro profesional.

Y, adicionalmente, es flexible. Tan flexible como que si haces diez traducciones a la semana está bien, y si no haces ninguna en seis meses, también. Lo que hagas o no depende de ti, de tu tiempo  y de lo que te interese; tu pan no depende de esto, así que no hay problema. No suena mal, ¿verdad?

4. ¿Cuáles son sus inconvenientes?

Al margen de lo que pueda o no aportarle a un estudiante el hacer voluntariado, es cierto que se trata de una práctica un tanto controvertida. La traducción en sí ya es una profesión que socialmente se tiene muy poco en cuenta y, en consecuencia, hacerlo gratis y sin darle el valor que merece no sino devaluarla a ojos del resto. Además, como ya sabemos todos en este blog, es una actividad que requiere años de formación y de práctica. Al margen de los raros casos en los que te piden pasar una prueba para hacer una traducción, la amplia mayoría de los encargos pueden hacerlos personas sin conocimiento ninguno. Esto es, que completan el cuestionario, les dan de alta en la plataforma y, «para pasar el rato porque saben idiomas», traducen un poco. La verdad es que entiendo perfectamente a los que dicen que estos casos se parecen mucho a esos anuncios en los que buscan gente con un B2 en tal idioma para «sacarse un dinerillo extra».

Otros traductores profesionales tampoco recomiendan que incluyas en tu currículum que has hecho voluntariado, al menos no durante demasiado tiempo. Lo argumentan con que el cliente puede interpretar que estás dispuesto a trabajar gratis y, por qué no, a aceptar tarifas irrisorias.

Lo último que me gustaría destacar en este apartado es el riesgo al que se exponen los jóvenes traductores a que se aprovechen de su trabajo. Hay que tener mucho cuidado con la entidad con la que vamos a hacer voluntariado e informarnos previamente, e incluso así vamos a encontrarnos con proyectos que a todas luces no son aptos para traducirse sin beneficio económico alguno. Hablo de casos reales y de textos de más de 20.000  palabras y plazos de una semana. Creo que no hace falta ni que os diga qué opino al respecto.

5. Conclusiones

La traducción voluntaria puede ser una buena manera de practicar, ganar un poco de experiencia y evitar el temido espacio en blanco en el currículo. Hay muchísimas organizaciones muy fiables que solicitan estos servicios a cambio de dar crédito al traductor. ¿Quieres hacerlo? ¡Adelante! No tienes nada que perder y no está nada mal como opción. Pero, como en todo, ten cabeza. Por muy fiable y reconocida que sea la plataforma que elijas, siempre va a haber proyectos que sean un no inmediato.  Está en ti el filtrar y saber qué te conviene y qué no y cuentas con la ventaja de que no es un trabajo en sí ni te juegas a ningún cliente. Aprovecha esto a tu favor para poner límites e imponer tu criterio. Al fin de cuentas, siempre tienes la opción de probar y dejarlo si no te convence. ∎

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Ocho consejos para aprovechar al máximo tu estancia lingüística en el extranjero

Ocho consejos para aprovechar al máximo tu estancia lingüística en el extranjero

Por Aurora C. Mena | 8 de septiembre de 2018

∎ Aprender bien un idioma extranjero no es tarea fácil. En ello influyen factores como la destreza que tengamos, el tiempo que le dediquemos, los recursos de los que dispongamos y hasta si nuestra lengua materna comparte orígenes con la extranjera (para un español es mucho más sencillo aprender italiano, por ejemplo, que ruso o coreano). Y si bien puede ocurrir que demos en el clavo a la primera y en cuestión de año y medio ya hablemos  el idioma más o menos decentemente, también puede darse lo contrario:  que  empecemos con muchísima motivación y luego, con el tiempo, nos desanimemos y lo dejemos de lado.

A veces esto sucede porque no avanzamos con tanta rapidez como nos lo imaginábamos y nos frustramos. Otras, descubrimos que forzarse a aprender las estructuras del otro idioma supone un esfuerzo mental importante, por no hablar de que entender tres de diez palabras (sobre todo al principio) es muy incómodo. También puede pasar que nos estanquemos, que no sepamos cómo seguir mejorando y que no nos sirvan de mucho los consejos que nos dan.

Llegados a este punto, y si realmente necesitamos saber el idioma, somos muchos los que nos lanzamos a vivir en el país ajeno para forzarnos a vivir en su cultura y su lengua. ¿Pero qué ocurre si, una vez allí, no tenemos el nivel suficiente para que nos entiendan y mejorar es un imperativo?

Sin ir más lejos, una compañera de EE. UU. está en esa situación. Tiene problemas con el inglés, enlazar dos oraciones se le hace un mundo y tiene poco vocabulario, así que es aún peor. No obstante, se esfuerza y tiene claro que, para mejorar, ella también tiene que trabajárselo, por mucho que algunos días prefiera no salir de casa con tal de no tener que enfrentarse de nuevo al reto de comunicarse.

El otro día, chapurreando, me planteó  lo siguiente: «¿Qué hago para mejorar si los libros me aburren y leer subtítulos me resulta incómodo? Si veo una serie la veo en mi idioma y para relajarme, no para estar estresada porque no me da tiempo a leer».

El mensaje queda bastante claro: cada persona es un mundo. Aunque parezca extraño, en el ámbito lingüístico también hay personas que no tienen por qué disfrutar necesariamente de leer libros o ver series y películas, ya sea por preferencias personales, falta de tiempo o mil cosas más.

En este artículo os voy a dar ocho consejos para aprovechar al máximo vuestra estancia lingüística en el extranjero. Algunos pueden aplicarse también a aquellos que estéis aprendiendo el idioma cómodamente desde casa. Además,  la ventaja es que puedes ponerlos todos en práctica en tu día a día sin demasiado esfuerzo.

¡Empezamos!

1. Evalúa tu nivel, sé consciente de tus límites y no te compares

A veces resulta difícil ser autocríticos, pero es imprescindible saber de dónde partimos y para podernos proponer una meta realista. Lógicamente, un principiante no acudirá a los mismos métodos que estudiante de nivel medio, al igual que éste último probablemente no pueda hacer uso de los recursos de alguien con un nivel más avanzado. El aprendizaje, para afianzarse, tiene que ser gradual y adaptado a las necesidades de cada persona. Me gustaría decir que el camino es el mismo para todo el mundo, pero no es cierto. Hay alumnos que avanzan muy rápido y otros que tienen que esforzarse el doble para llegar al mismo sitio que su compañero. No a todo el mundo se le dan bien todas las competencias lingüísticas (de hecho, lo normal es tener más nivel en unas que en otras), y no pasa nada.

Evita las comparaciones absurdas con tus compañeros y respeta tus necesidades y tus ritmos de aprendizaje. Evalúa objetivamente lo que sabes y lo que no y, a partir de ahí, intenta encontrar recursos que se adapten a tu nivel. Si tienes, por ejemplo, un A2, es poco probable que en nueve meses obtengas un C2. No obstante, un B2 podría ser un objetivo mucho más asequible y muy meritorio.

2. Sé curioso

No saber cómo decir millones de palabras, o incluso oraciones completas, es lo más normal del mundo. Ante esas situaciones, es sumamente útil acudir a los gestos o a definir el concepto al que nos referimos. Sin embargo, una vez conseguida la comunicación, un error muy común es no preguntar cómo se dice correctamente el término y olvidarnos de buscarlo después.

Si hay algo que aprendes nada más empezar el grado de Traducción e Interpretación es que el contexto lo es todo. Aprender palabras en situaciones en las que es correcto utilizarlas es muchísimo más efectivo que hacerlo con listas interminables de vocabulario. Aprovecha que vives en el extranjero y exprime esta oportunidad al máximo.

Esto también se aplica a todo aquello que veas y no sepas cómo se diría en la lengua extranjera o qué significa en tu idioma, etc. Anímate a preguntar y a investigar; los resultados no tardarán en llegar.

3. Equivócate

Equivocarse no es agradable, sobre todo si es en público. Para muchas personas es una forma de exponerse, de dejar en evidencia su falta de conocimiento. Además, al menos en España tenemos la tendencia de ridiculizar a aquellos que no conocen en profundidad una lengua y cometen errores al intentar hablarla. La solución que adoptamos es la lógica: no hablamos. Si no hablamos, no cometemos errores. Y si no cometemos errores, no nos exponemos… y no aprendemos.

Como más aprendes es equivocándote. Y cuanto más garrafal sea el error, tanto mejor, porque seguramente se te quede grabado a fuego y no lo vuelvas a cometer. Siento decirte que para aprender una lengua hay que dejar un poco de lado nuestro sentido del ridículo y tirarnos a la piscina sin miramientos. ¿Te has equivocado? ¡No pasa nada! Pregunta cómo se dice correctamente y sigue aprendiendo. Lo peor que te puede pasar es que tengas que repetirlo o que se sonrían; lo mejor, que sabrás una palabra o estructura nueva y probablemente no la olvides.

No descartes el pedirle a tus amistades que te corrijan si dices algo incorrectamente.

Además, seguramente no seas ni el primero ni el último en cometer errores,  ni el que meta más la pata, ¿o no?

4. Piensa en el otro idioma

Esto es quizás lo más complicado al principio, pero te puedo asegurar que da excelentes resultados.

Al empezar a aprender un idioma, nuestro primer impulso es el de pensar en nuestra lengua materna lo que queremos decir y, luego, traducirlo a la lengua extranjera. Esto no solo supone un esfuerzo extra que acaba agotándote y ralentizando la comunicación, sino que entorpece tu aprendizaje.

Cada lengua es única y se rige por unas reglas propias y muy concretas. Pretender pasar las estructuras de tu idioma al inglés, por ejemplo, es un error garrafal. Puede que consigas hacerte entender, pero vas a sonar bastante artificial.

Lo mejor que puedes hacer para interiorizar un idioma es empezar a pensar en él y aprender los conceptos sin tener la necesidad de traducirlos. Intenta ser consciente de cuándo estás pensando en español, para y dedícate un momento para seguir con tus reflexiones en el idioma que estés aprendiendo. Alarga cada día el tiempo que le dediques a este ejercicio. Llegará un momento te resultará natural hablar en la lengua extranjera y dejar completamente de lado el español.

5. Intenta entender el porqué de todo lo que aprendas

¿Te gusta la sintaxis? Si la respuesta es que sí, estás de enhorabuena. Y si es que no, ponte las pilas, porque es sumamente útil.

Las lenguas son como las matemáticas: utilizan unas estructuras lógicas que se repiten constantemente. Si conoces la fórmula y las reglas, por mucho que cambies las cifras el resultado siempre va a ser correcto. Si manejas las reglas, manejas la lengua.

He tenido alumnos extranjeros en cuyos países el sistema educativo no incluía la sintaxis y morfología en el plan de estudios. El resultado era que volvían a los mismos errores una y otra vez por mucho que les explicaras que una determinada estructura era así siempre. ¿Por qué? Porque no sabían distinguir entre sujeto y predicado ni razonar que tal verbo iba siempre seguido de tal preposición en unos casos en concreto.

Por el contrario, mis alumnas de francés me decían que les resultaba mucho más sencillo manejarse si las ayudaba a aplicar la lógica a su aprendizaje, y efectivamente cometían menos errores en los exámenes.

Inténtalo. No pierdes nada y, con un poco de suerte, vas a ganar mucho.

6. Lee en voz alta

¿No te ocurre que lees perfectamente para ti, pero cuando tienes que hacerlo en voz alta te atascas, no sigues bien los ritmos que marca la puntuación, e incluso de repente pronuncias peor o directamente te das cuenta de que hay palabras que no sabes pronunciar?

Una forma de ponerle remedio es la de sacar un rato al día para leer en voz alta. Con ello no solo mejorarás tu naturalidad a la hora de hablar inglés (te adaptarás a los ritmos, entonaciones, etc.), sino que serás consciente de lo que no sabes pronunciar y podrás ir a consultarlo y practicarlo. Escuchar audiolibros con el texto delante y posteriormente imitarlo también puede ser una buena forma de soltarte.

7. Hazlo todo, hasta las tareas más simples, en la lengua extranjera

Ya que te has ido al extranjero, procura que la inmersión no acabe al cerrar la puerta de casa y lleva el idioma a todos los ámbitos de tu vida. ¿La lista de la compra? En la lengua extranjera. ¿Una receta que has encontrado en Google para hacerte la cena? En la lengua extranjera. ¿El idioma de tu ordenador? Creo que ya sabes la respuesta.

Como bien sabes, hoy en día podemos aprender idiomas de miles de maneras que no pasan por leer libros o películas. Estos están muy bien y, personalmente, te los recomiendo muchísimo, pero hay personas que no tienen tiempo, o ganas, o mil cosas más. La clave está en aprender con cosas que nos gusten, porque de lo contrario se convertirá en una obligación y que acabaremos rehuyendo del momento en el que tengamos que ponernos a ello.

Las redes sociales, los móviles y los ordenadores siempre te dan la opción de cambiar el idioma. Si te gustan los vídeos de Youtube, prueba a echarle un vistazo a la opción de los subtítulos: a veces los autores los añaden; otras, te da la opción de generarlos automáticamente. Los videojuegos son una alternativa buenísima para aprender idiomas, y si te gustan los blogs, también podría serte útil buscar a autores extranjeros cuyos contenidos te interesen.

¿Necesitas más recursos? Hoy día también tienes a tu disposición podcasts de todo tipo de temática, puedes guardarlos en el móvil y escucharlos en cualquier momento. La música es también una excelente fuente de aprendizaje y la mayoría de nosotros no salimos de casa sin cascos. Busca las letras de tus cantantes extranjeros favoritos y apréndetelas de memoria (después de buscar los términos que no entiendas, por supuesto).

Todo esto son solo unas pocas cosas de las miles que podríamos decir. Lo único que tienes que tener en cuenta a la hora de elegir es tu nivel en el idioma. Como comprenderás, si te animas a leer un libro pero tienes que buscar en el diccionario dos palabras de cada cinco, te vas a frustrar y lo acabarás dejando. Intenta encontrar un equilibrio que te permita aprender y disfrutar al mismo tiempo.

8. Usa tu idioma lo menos posible

Buscar la seguridad de otros españoles en el extranjero es otro error muy común y que puede suponer que al volver de tu estancia no hayas avanzado todo lo que deberías. Es difícil evitarlo, sobre todo si no tienes mucho nivel y todo lo que hay más allá de tu grupo se te antoja complicado. No obstante, te recomiendo encarecidamente que lo intentes. Haz amigos que no hablen nada de español, oblígate a salir de tu zona de confort y practica todo lo que puedas y más. El español te viene de serie; ya tendrás tiempo de hablarlo.

Y hasta aquí los ocho consejos que, según mi experiencia, son los más efectivos a la hora de aprender un idioma. Por supuesto, hay muchos más y no todos sirven a todo el mundo. ¿Te gustaría añadir alguno? Si te has ido al extranjero para aprender una lengua, ¿cómo fue tu experiencia y qué hiciste para mejorar? Deja un comentario si te apetece compartirlo. ∎

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3 días ago
Un mes más en EE. UU. y ya me puedo volver a hartarme de croquetas y ver a @HappyTuppi.

(El gif no tiene nada que ver pero es mono). https://t.co/xLzaE05Q7Y
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3 días ago
¡Hola, Diana! Yo soy estudiante de último año, así que todavía no te puedo ayudar.
No obstante, estoy segura de que muchos profesionales de por aquí estarán encantados.
Cito a @plluberas, por ejemplo, que me consta que le encanta ayudar 😊. https://t.co/j2pgJWzQMc

La ERASMUS: ¿imprescindible para los estudiantes de Traducción e Interpretación?

La ERASMUS, ¿imprescindible para estudiantes de Traducción e Interpretación?

Por Aurora C. Mena | 15 de agosto de 2018

∎ La ERASMUS, acrónimo del nombre oficial en inglés EuRopean Community Action Scheme for the Mobility of University Students (Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios), es un programa que promueve el intercambio de estudiantes entre las distintas universidades de los Estados miembros de la Unión Europea, además de Islandia, Liechtenstein, Noruega, Suiza, Turquía y Macedonia.

El programa original comenzó en 1987 y a lo largo de los últimos 30 años ha ampliado su alcance y envergadura. A día de hoy, son más de 4,4 millones de estudiantes los que se han beneficiado de esta beca, de las oportunidades que ofrece y de las experiencias académicas y vitales que aporta.

«La experiencia de haber estado en otra universidad me resultó importante tanto a nivel personal como académico; antes de la carrera me veía como una persona muy limitada sin mucho futuro internacional, y sentí como si me hubiese eliminado barreras a mí misma. Además, el aprobar asignaturas de niveles superiores me hizo sentir realizada».

Anónimo.

 

Sin embargo, ¿es oro todo lo que reluce? Mucho se ha hablado de lo fantástica que es la ERASMUS para todo aquel que se beneficia de una plaza: amistades para toda la vida, parejas que de otra forma jamás hubieran podido conocerse, aprendizaje de una lengua y cultura extranjeras, oportunidades de trabajo… Todos los testimonios son idílicos.

Pero la ERASMUS también tiene otra cara. Una cara menos bonita, más amarga y, por tanto, mucho menos visible. Porque sí, el programa europeo también supone papeleos interminables, períodos de soledad, gastos económicos que no todas las familias pueden afrontar, asignaturas sin convalidar, planes de estudio desestructurados… Por no hablar de aquellos estudiantes que directamente no pueden irse al extranjero por uno u otro motivo. ¿Qué es de estos últimos, entonces? ¿Tan imprescindible es la ERASMUS para los estudiantes Traducción e Interpretación como para condicionar su futuro? ¿Y qué pasa con aquellos que sí se van pero regresan con mal sabor de boca y la sensación de ser los únicos a los que no les ha ido bien?

En esta entrada vamos a hablar de la ERASMUS desde un punto de vista un poco más realista de lo habitual, pues si bien es una experiencia que siempre recomendaré, también es cierto que es necesario saber qué vamos a encontrarnos realmente al bajar del avión.

Para ello, he contrastado los testimonios de 57 personas, tanto profesionales de la traducción como estudiantes, que se cursaron (o no) un año de ERASMUS. He decidido dividir el análisis en cinco apartados: burocracia, economía, plan de estudios, vivienda y estancia.

Aviso: ve a por algo de comer, que la entrada va para largo.

1. Burocracia

Si por algo son conocidas estas estancias en el extranjero, aparte de por el tópico del orgasmus, es por sus interminables, tediosos y a veces desesperantes trámites burocráticos. Y esto es algo que le ocurre a todos los estudiantes por igual: a los que les fue bien, a los que les fue mal y a los que les fue regular. Los documentos a rellenar son muchos y basta con que creas que has acabado para que vuelvan a acribillarte con más papeleo.

Lo mínimo que te van a pedir es un borrador del acuerdo académico que posteriormente tendréis que firmar tu coordinador español, tu coordinador extranjero y tú. A eso hay que sumarle la búsqueda de asignaturas extranjeras que puedan convalidarte las del grado en España (o que tu tutor acepte aunque sea a regañadientes), la contratación de un seguro que cubra los requisitos que exige la ERASMUS, la tarjeta europea, solicitud de alojamiento, certificados de llegada y salida de la universidad de destino, llamadas infinitas al Área de Relaciones Internacionales de las universidades de ambos países, correos con tu tutor para hacer el más mínimo cambio…

En resumen: si tienes claro que vas a solicitar la ERASMUS, ármate de paciencia. La necesitarás.

2. Economía

«Cuando quise solicitar la ERASMUS en segundo curso, me di cuenta de que los únicos compañeros que la habían disfrutado plenamente eran aquellos cuya economía familiar les permitió viajar y tener vida social durante su estancia, ya que el dinero de la beca no alcanzaba para mucho».

Natalia Magro (@NataliaMagro10).

 

Seamos realistas: hoy en día sin dinero no vas a ningún sitio, y con la ERASMUS aún menos. La verdad es que se habla muy poco del factor económico cuando se informa de este tipo de programas y, sin duda, debería ser lo primero que debería ponerse sobre la mesa en las reuniones.

No son pocos los estudiantes cuya economía les impide siquiera plantearse pedir una plaza ERASMUS. El desembolso inicial es importante y hay muchísimas familias que no pueden permitírselo. ¿Y la beca? ¿No había una beca? Sí, la hay, pero a diferencia de aquellos países que ingresan el dinero mensualmente, en España la recibirás en dos plazos (30% y 70% respectivamente) y al final de tu estancia, es decir, cuando ya has vuelto y has deshecho las maletas hace eones. Mientras tanto, lo pagas todo tú, y te va a ser muy difícil mantenerte si no cuentas con un buen colchón, tienes trabajo o tus padres no te echan una mano. Complicado, ¿verdad? Pues todavía hay más: la cuantía de la beca no suele ser suficiente. De hecho, todos los testimonios coindicen en que es más bien irrisoria.

Para que os hagáis una idea, la ayuda que reciben los estudiantes que viajan a los países con un mayor nivel de vida es, a fecha de hoy, de 300€ base al mes más 200€ extra para los becarios MEC. En el caso de los andaluces, la Junta les concede una ayuda adicional cuyo máximo alcanza los 250€ al mes, a lo que podemos añadir 188€ en el caso de que seas becario MEC.

Hagamos las cuentas de un estudiante que se va nueve meses de ERASMUS a Reino Unido (grupo 1):

Alumno NO andaluz y NO becario:
300€ · 9 meses = 2 700€.

Alumno NO andaluz y becario:
500€ · 9 meses = 4 500€.

Alumno andaluz y NO becario:
550€ · 9 meses = 4 950€

Alumno andaluz y becario:
938€ · 9 meses = 8 442€.

Como veréis, si no se es becario la reducción de la beca es notable. Y si no perteneces a una Comunidad Autónoma que conceda ayudas a sus estudiantes ERASMUS, la situación es mucho más complicada. Es más, me atrevería a decir que solo es viable el caso del alumno becario que cuenta con la ayuda del Estado más la ayuda de su C. A., y eso sin contar que la seguiría recibiendo después de los 9 meses en el extranjero.

Y es que, a bote pronto, esa cantidad de dinero puede parecer satisfactoria, pero nada más lejos de la realidad: el nivel de vida de los países que se solicitan con más frecuencia dista mucho de ser el de España, y se nota. Para que os hagáis una idea, en Reino Unido los alquileres suelen hacerse por semanas y la media ronda las £150, lo que supone un total de £600 libras al mes, que al cambio son 672,5€. Ya tenemos aquí 6 053 euros asegurados con los que tenemos que contar sí o sí. A ello, debemos sumarle el transporte (aviones, buses, trenes, metros, etc.), la comida, algún viaje, imprevistos (siempre surgen), material universitario…

Algunos países, como Francia, ofrecen a los estudiantes extranjeros la posibilidad de alojarse en las residencias del CROUS (Centre régional des œuvres universitaires et scolaires), a cargo del Estado y cuyos precios rondan los 250€ por una habitación de 9 metros cuadrados. También te permiten solicitar ayudas propias como la CAF (Caisse d’allocations familiales) para sufragar los gastos de algunos meses de alquiler en función de tu poder adquisitivo. Ahí ya sería el estudiante el que tendría que preocuparse de investigar las facilidades que ofrece cada país de destino.

En definitiva, ser ERASMUS no es barato y las ayudas no cubren ni siquiera la mitad en muchos casos. Antes de solicitar tu plaza, háblalo con tus familiares, haz cuentas, ahorra y sopesa muy bien todas tus posibilidades. La economía es un factor determinante, no ninguna broma.

3. Plan de estudios

«Entré en TeI con un buen nivel de conocimientos en mi segunda lengua, que es con la que quería trabajar como traductora, tanto lingüísticos como culturales, así que me interesaba más profundizar en contenidos relacionados con la traducción directa. Yéndome de Erasmus no ganaba más que la experiencia de vivir fuera a costa de retrasar en cierto modo lo demás, y pensaba que eso ya podía tenerlo al acabar la carrera».

Nieves Gamonal (@surrealitybytes).

 

No te engañes: en el extranjero no vas a encontrar las mismas asignaturas de tu plan de estudios original, sin problemas y sin discutirle un poco a tu coordinador. Más bien todo lo contrario.

Un motivo por el que muchísimos estudiantes deciden no pedir la ERASMUS es por la falta de asignaturas disponibles. No es raro encontrar casos en los que, después de haber hecho la estancia, le comunican al estudiante que no le convalidan lo cursado. La doble matrícula no es barata, y mucho menos grato resulta tener que pasar un año más para obtener el título porque no pudiste aprovechar tu estancia ERASMUS en el plano académico.

Tampoco hemos de cantar victoria en el caso de que nos lo convaliden todo. Sí, es verdad que has conseguido pasar esas asignaturas de cara al expediente académico, pero no habrás obtenido una serie de conocimientos que son necesarios de cara a tu futuro profesional. Siento tener que deciros que en el extranjero no imparten asignaturas sobre herramientas TAO. Es más, lo más frecuente es que allí no estés matriculado en un grado de Traducción e Interpretación, sino en alguno de Filología o Lenguas Modernas. Así las cosas, el panorama es un tanto complicado. En Francia, por ejemplo, no podrás dar asignaturas de traducción EN>ES y a la inversa. Lo único que encontrarás  más o menos parecido serán clases enfocadas a prepararte para las oposiciones francesas, en las que se traduce sin diccionario y sin Internet… Y, como es obvio pero no suele reflexionarse, las traducciones serán del inglés al francés y a al revés (para eso es la lengua materna de allí, ¿no?). ¿Se puede aprobar? Sí (yo lo hice). ¿Te convalidarán la asignatura en el expediente? Por supuesto, y no tendrás que volver a cursarla nunca más. Pero… ¿Te servirá de cara a tu futuro como traductor profesional? Creo que la respuesta ya te la puedes imaginar: no. Y probablemente en verano tengas que ponerte a aprender a manejar Trados… Como poco.

Estos son los inconvenientes académicos que hacen que muchos alumnos prefieran sacarse la carrera en sus cuatro años correspondientes y luego marcharse al extranjero. Además, quedarse en España tampoco es tan malo como parece: el alumnado en las clases se reduce a la mitad y la oportunidad de aprender más y mejor, por tanto, se incentiva. El trato es mucho más personal y se aprovechan mejor las clases.

Por otra parte, hemos de añadir que no se aprecian diferencias notables entre los estudiantes que se marchan y los que no en cuanto a competencias académicas: los alumnos que se quedan sacan adelante las asignaturas con la misma facilidad que los que no. Si acaso, lo que más destaca es la confianza en sí mismos que ganan los estudiantes que pasan unos meses hablando en el idioma extranjero, pero ya sabemos que fluidez y conocimiento de la lengua no son lo mismo. El nivel de idiomas y el aprendizaje de la cultura de otro país pasa, en la mayoría de los casos, por el trabajo propio, y esto los estudiantes que no optan a la ERASMUS lo saben muy bien.

4. Vivienda

A no ser que te lo ofrezca la misma universidad, buscar sitio para vivir también puede convertirse en una odisea. Más allá de los precios, ten en cuenta que estás buscando piso o residencia en una ciudad que no conoces. Es verdad, tenemos Google, pero el idioma y tu ausencia no facilitan el encontrar casa a la primera de cambio. Conozco a varias personas que se tuvieron que ir para allá sin vivienda, quedarse en un hotel y buscarla allí mismo a través de inmobiliarias. Si eres un aventurero y no te importan este tipo de cosas, estupendo, pero la mayoría de los ERASMUS de TeI son muy jóvenes (yo tenía diecinueve años), y los nervios, el idioma y la incertidumbre pueden jugarles malas pasadas.

El no estar allí también conlleva riesgos como llegar y no encontrar lo que te esperabas. No hace falta deciros que en Google hay que ser muy selectivo con lo que encontramos, ni que cualquiera puede enseñar unas fotos que luego no se ajusten a la realidad. Ante esto, yo personalmente recomiendo prudencia, hablar detenidamente con la persona que nos alquila y, por qué no, pedirle una videollamada si es posible para que nos enseñe el sitio. Las universidades suelen poner a disposición de los estudiantes sitios web fiables en los que buscar habitación y compañeros de piso, consúltalos.

Por otra parte, también conviene comentar el tema de las relaciones con tus compañeros de piso, porque ahí juega un papel muy importante el factor suerte y, al igual que al buscar vivienda, nunca sabes lo que te vas a encontrar.

En mi caso, en mi ERASMUS Francia viví en una habitación de 9 metros cuadrados de una residencia del CROUS. Y os puedo asegurar que nueve meses viviendo en una habitación de ese tamaño, si no te gestionas bien, puede llegar a ser un completo caos. El baño era poco más que el de un avión, y el resto de la habitación era básicamente la cama, un frigorífico pequeño, un armario aún más estrecho que el baño y estanterías para tus cosas. En tamaña estrechez no fueron pocas las veces que me agobié y me fui a la calle a pesar de tener que estudiar. Los fines de semana también pueden ser muy largos si es uno de esos en los que te quedas solo y tampoco hay mucho que hacer. Eso sí:  volví hecha una maestra del orden y del almacenaje.

5. Estancia

Junto a la economía, este es, quizás, el punto más importante de esta entrada. ¿Cómo se vive la ERASMUS? ¿Merece tantísimo la pena como dicen? ¿Supone una ventaja de cara a tu futuro laboral? Me gustaría decirte que la respuesta es un rotundo e inequívoco «sí», pero, como casi todo en la vida, depende. Depende de la persona que la viva, de sus circunstancias, de los factores externos que la rodean e incluso de su personalidad.

¿Os acordáis del tema de la economía? Pues bien, interviene directamente con cómo vivas tu estancia. Tened en cuenta que la mayor parte de los estudiantes se toman la ERASMUS no tanto como una oportunidad académica, sino como una experiencia vital. Por tanto, aprovechan para visitar los países vecinos y los de más allá y salir (mucho) de fiesta. Los programas internacionales lo saben y orientan sus actividades a eventos en los que los extranjeros se relacionen entre sí y puedan viajar todo lo posible… Siempre y cuando tengas fondos para ello. Vivir cuesta dinero; viajar, también. Si vas justo, comprenderás que tu prioridad va a ser poder ir al supermercado antes que irte de viaje. Así, tu ERASMUS puede pasar de ser una estancia de viajes y fiestas continuos a un año académico normal y corriente, tal y como el que vivirías en España, pero en un país diferente.

Además, al estar el programa enfocado a este tipo de actividades, aquellos que no puedan o no quieran seguir el ritmo pueden verse relegados a un segundo plano y, en cierto modo, aislados del resto. Esto no tiene por qué ser necesariamente malo: hay miles de personas a las que, como a mí, no les gusta salir de fiesta o simplemente no pueden costeárselo.
También puede pasar que notes el choque cultural y que los habitantes del país extranjero se te antojen poco habladores o te sea difícil entrar en sus círculos. Es más frecuente de lo que puede parecer. Ahí, en función de tus recursos y de tu carácter, te toca decidir si los días más solitarios (que los hay, siempre) no serán un peso para ti.

«A nivel académico creo que me ayudó mucho a la hora de aprender el idioma, porque es muy distinto aprenderlo a través de libros a tener que usarlo en tu día a día para absolutamente todo. A nivel personal crecí mucho como persona, ya que aprendí a vivir sola y a su vez a convivir con compañeros de piso, a solucionar las cosas por mi cuenta y encontrar paz en la soledad».

Anónimo.

 

Siguiendo con el tema de cómo enfocan las universidades el programa ERASMUS, convendría abarcar un poco el asunto de las relaciones con otros estudiantes extranjeros. La tendencia, sin duda alguna, es que se mezclen entre ellos, y esta es una de las cosas más enriquecedoras de la estancia: no solo tienes la oportunidad de conocer el país de destino, sino que también harás amistades con personas de todas partes de Europa y tendrás ocasión de conocer su lengua, hablar sobre sus costumbres y su cultura y compartir (muy frecuente) su gastronomía.

Sin embargo, esto bien puede ser un arma de doble filo: los estudiantes de una misma nacionalidad suelen relacionarse entre ellos y, entre extranjeros, es bastante común recurrir al inglés en caso de que el país de destino no sea anglosajón. La consecuencia directa es que o bien hablas tu idioma materno, o bien hablas un idioma que no has ido a practicar, te rodeas menos de la cultura que te acoge y no aprovechas al máximo la estancia ni alcanzas su objetivo original. Es interesante que tengamos en cuenta cuáles son nuestros fines y cómo llevarlos a cabo. En mi caso, por ejemplo, decidí no relacionarme con españoles (por supuesto, les expliqué mis motivos y eso no quería decir que no habláramos de vez en cuando) y buscar amistades francesas. A día de hoy conservo algunas y es una gran oportunidad para seguir practicando en el futuro y volver de visita al país.

En lo académico, vamos a dejar claras un par de cosas desde el principio: en un año mejorarás la fluidez, pero es imposible que vuelvas hablando perfectamente un idioma extranjero, mucho menos que aprendas su cultura en todas y cada una de sus formas. Tampoco vas a tener el triple de oportunidades de trabajo en el futuro: muchísimos traductores excelentes no pudieron irse al extranjero y a día de hoy no les falta trabajo.

¿Y hay que estudiar? Sí. Y mucho. Al menos donde yo estuve, y me consta que en otros destinos también tratan a los ERASMUS como a un alumno más. Habrá profesores más permisivos, otros menos, pero la asistencia es obligatoria. Tomársela como optativa puede acarrear suspensos que después se reflejarán en el expediente y en la concesión de becas españolas para el año siguiente (en el caso de que seas becario). Yo te recomiendo que vayas a clase, que te relaciones con los alumnos nativos y que, en fin, te mezcles y llegues a ser uno más en lugar de «ese extranjero sentado en una esquina». No solo por las notas, sino por ti mismo y tu integración en el país. Relacionarte con los demás ERASMUS está muy bien, pero no olvides que hay cosas que disfrutar más allá y que aunque al principio sean algo reticentes, los alumnos de tu país de destino también tienen algo que compartir contigo.

«No pisé más de tres fiestas en toda mi estancia. Mi experiencia se basó en practicar inglés conociendo a gente de todos los países y en clase. Investigué su cultura yendo a museos, asistiendo a eventos que organizaban en la ciudad y recorriendo las calles. Estudié como lo habría hecho en España. No viajé todo lo que me hubiese gustado porque no me lo podía permitir. Básicamente, hice mi vida en el país como lo haría en España, pero en un entorno distinto».

 Judit Jiménez (@elidiomadelcine)

De esta manera, aunque en lo académico la ERASMUS no es tan fructífera como parece en un principio, en lo personal supone un gran cambio. Para muchos es una oportunidad de independencia; para otros, un año de crecimiento difícil de olvidar. Verte solo y solventando problemas en un idioma que no es el tuyo ayuda a conocerse a ti mismo, a ganar confianza en tus capacidades y a tener una oportunidad para gestionar y entender tus emociones en los días en los que te asaltan las ganas de coger un avión y volver a casa.

6. Conclusiones

«La ERASMUS es algo tan común que, si no te vas, se extrañan. Entiendo que es por ignorancia, pero la labor del traductor va mucho más allá de saber idiomas o dominar el vocabulario general. No basta con ser bilingüe ni nativo cuando abordas contratos, manuales técnicos, textos de ingeniería hidráulica o de motores de combustión, por decir algunos ejemplos. Los profesionales de la traducción se hacen formándose y practicando, no hay otra».

Fernando Castillo (@fertradav).

 

La ERASMUS no es imprescindible para los alumnos del grado en Traducción e Interpretación, ni la única alternativa para pasar un tiempo en el extranjero. El número de inconvenientes es mucho mayor que las ventajas a la hora de hacer un balance entre los pros y los contras. Además, lejos de lo que se suele creer por lo mitificada que está, la ERASMUS no te asegura encontrar trabajo como traductor antes que aquellos que no pueden disfrutar de la beca. En todo caso, tal y como especificaron algunos de los profesionales del sector que han participado en esta entrada, podría beneficiar en mayor medida a los estudiantes encaminados a ELE (Enseñanza de Español Lengua Extranjera) o a la interpretación.

Otra puntualización que conviene tener en cuenta es que el traductor se hace, poco a poco, con la práctica y la formación. Es esencial el conocimiento de la lengua B, pero lo es aún más conocer nuestra lengua materna en todos sus ámbitos. Más que todas las estancias en el extranjero a las que puedas optar, aprender sobre tu lengua A, estar al tanto del manejo de las herramientas del traductor y formarse día a día en la cultura extranjera son y serán siempre las armas esenciales del profesional de la traducción.

«Se da por hecho que conocemos nuestra lengua materna por haber nacido en un país determinado, pero no es así. Es importante que, como lingüistas, conozcamos la lengua extranjera desde la que partimos, pero lo que es verdaderamente importante —más incluso que conocer la lengua extranjera— es conocer la gramática y la ortografía, así como aprender a redactar con riqueza en nuestra propia lengua materna. Al fin y al cabo, los lectores pertenecen a esa cultura y no a la de origen.».

Patricia Lluberas (@plluberas).

 

Finalizamos recalcando que, pese a sus desventajas, la ERASMUS es una experiencia completamente recomendable. Si tienes la oportunidad y las ganas, coge la plaza. No es una beca perfecta, y tu experiencia puede ser tan buena como cuentan o completamente diferente a lo que estamos acostumbrados a oír. Lo importante es que la ERASMUS la vive el estudiante, y que puedes elegir cómo hacerlo en cada momento. Reflexiona sobre ello, háblalo, pide consejo y vívela como más se ajuste a ti y a tu personalidad. Y si finalmente decides no solicitarla, no te preocupes, no vas a echar por tierra tu futuro: hay mucho más allá. ∎

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