La ERASMUS: ¿imprescindible para los estudiantes de Traducción e Interpretación?

La ERASMUS, ¿imprescindible para estudiantes de Traducción e Interpretación?

Por Aurora C. Mena | 15 de agosto de 2018

∎ La ERASMUS, acrónimo del nombre oficial en inglés EuRopean Community Action Scheme for the Mobility of University Students (Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios), es un programa que promueve el intercambio de estudiantes entre las distintas universidades de los Estados miembros de la Unión Europea, además de Islandia, Liechtenstein, Noruega, Suiza, Turquía y Macedonia.

El programa original comenzó en 1987 y a lo largo de los últimos 30 años ha ampliado su alcance y envergadura. A día de hoy, son más de 4,4 millones de estudiantes los que se han beneficiado de esta beca, de las oportunidades que ofrece y de las experiencias académicas y vitales que aporta.

«La experiencia de haber estado en otra universidad me resultó importante tanto a nivel personal como académico; antes de la carrera me veía como una persona muy limitada sin mucho futuro internacional, y sentí como si me hubiese eliminado barreras a mí misma. Además, el aprobar asignaturas de niveles superiores me hizo sentir realizada».

Anónimo.

 

Sin embargo, ¿es oro todo lo que reluce? Mucho se ha hablado de lo fantástica que es la ERASMUS para todo aquel que se beneficia de una plaza: amistades para toda la vida, parejas que de otra forma jamás hubieran podido conocerse, aprendizaje de una lengua y cultura extranjeras, oportunidades de trabajo… Todos los testimonios son idílicos.

Pero la ERASMUS también tiene otra cara. Una cara menos bonita, más amarga y, por tanto, mucho menos visible. Porque sí, el programa europeo también supone papeleos interminables, períodos de soledad, gastos económicos que no todas las familias pueden afrontar, asignaturas sin convalidar, planes de estudio desestructurados… Por no hablar de aquellos estudiantes que directamente no pueden irse al extranjero por uno u otro motivo. ¿Qué es de estos últimos, entonces? ¿Tan imprescindible es la ERASMUS para los estudiantes Traducción e Interpretación como para condicionar su futuro? ¿Y qué pasa con aquellos que sí se van pero regresan con mal sabor de boca y la sensación de ser los únicos a los que no les ha ido bien?

En esta entrada vamos a hablar de la ERASMUS desde un punto de vista un poco más realista de lo habitual, pues si bien es una experiencia que siempre recomendaré, también es cierto que es necesario saber qué vamos a encontrarnos realmente al bajar del avión.

Para ello, he contrastado los testimonios de 57 personas, tanto profesionales de la traducción como estudiantes, que se cursaron (o no) un año de ERASMUS. He decidido dividir el análisis en cinco apartados: burocracia, economía, plan de estudios, vivienda y estancia.

Aviso: ve a por algo de comer, que la entrada va para largo.

1. Burocracia

Si por algo son conocidas estas estancias en el extranjero, aparte de por el tópico del orgasmus, es por sus interminables, tediosos y a veces desesperantes trámites burocráticos. Y esto es algo que le ocurre a todos los estudiantes por igual: a los que les fue bien, a los que les fue mal y a los que les fue regular. Los documentos a rellenar son muchos y basta con que creas que has acabado para que vuelvan a acribillarte con más papeleo.

Lo mínimo que te van a pedir es un borrador del acuerdo académico que posteriormente tendréis que firmar tu coordinador español, tu coordinador extranjero y tú. A eso hay que sumarle la búsqueda de asignaturas extranjeras que puedan convalidarte las del grado en España (o que tu tutor acepte aunque sea a regañadientes), la contratación de un seguro que cubra los requisitos que exige la ERASMUS, la tarjeta europea, solicitud de alojamiento, certificados de llegada y salida de la universidad de destino, llamadas infinitas al Área de Relaciones Internacionales de las universidades de ambos países, correos con tu tutor para hacer el más mínimo cambio…

En resumen: si tienes claro que vas a solicitar la ERASMUS, ármate de paciencia. La necesitarás.

2. Economía

«Cuando quise solicitar la ERASMUS en segundo curso, me di cuenta de que los únicos compañeros que la habían disfrutado plenamente eran aquellos cuya economía familiar les permitió viajar y tener vida social durante su estancia, ya que el dinero de la beca no alcanzaba para mucho».

Natalia Magro (@NataliaMagro10).

 

Seamos realistas: hoy en día sin dinero no vas a ningún sitio, y con la ERASMUS aún menos. La verdad es que se habla muy poco del factor económico cuando se informa de este tipo de programas y, sin duda, debería ser lo primero que debería ponerse sobre la mesa en las reuniones.

No son pocos los estudiantes cuya economía les impide siquiera plantearse pedir una plaza ERASMUS. El desembolso inicial es importante y hay muchísimas familias que no pueden permitírselo. ¿Y la beca? ¿No había una beca? Sí, la hay, pero a diferencia de aquellos países que ingresan el dinero mensualmente, en España la recibirás en dos plazos (30% y 70% respectivamente) y al final de tu estancia, es decir, cuando ya has vuelto y has deshecho las maletas hace eones. Mientras tanto, lo pagas todo tú, y te va a ser muy difícil mantenerte si no cuentas con un buen colchón, tienes trabajo o tus padres no te echan una mano. Complicado, ¿verdad? Pues todavía hay más: la cuantía de la beca no suele ser suficiente. De hecho, todos los testimonios coindicen en que es más bien irrisoria.

Para que os hagáis una idea, la ayuda que reciben los estudiantes que viajan a los países con un mayor nivel de vida es, a fecha de hoy, de 300€ base al mes más 200€ extra para los becarios MEC. En el caso de los andaluces, la Junta les concede una ayuda adicional cuyo máximo alcanza los 250€ al mes, a lo que podemos añadir 188€ en el caso de que seas becario MEC.

Hagamos las cuentas de un estudiante que se va nueve meses de ERASMUS a Reino Unido (grupo 1):

Alumno NO andaluz y NO becario:
300€ · 9 meses = 2 700€.

Alumno NO andaluz y becario:
500€ · 9 meses = 4 500€.

Alumno andaluz y NO becario:
550€ · 9 meses = 4 950€

Alumno andaluz y becario:
938€ · 9 meses = 8 442€.

Como veréis, si no se es becario la reducción de la beca es notable. Y si no perteneces a una Comunidad Autónoma que conceda ayudas a sus estudiantes ERASMUS, la situación es mucho más complicada. Es más, me atrevería a decir que solo es viable el caso del alumno becario que cuenta con la ayuda del Estado más la ayuda de su C. A., y eso sin contar que la seguiría recibiendo después de los 9 meses en el extranjero.

Y es que, a bote pronto, esa cantidad de dinero puede parecer satisfactoria, pero nada más lejos de la realidad: el nivel de vida de los países que se solicitan con más frecuencia dista mucho de ser el de España, y se nota. Para que os hagáis una idea, en Reino Unido los alquileres suelen hacerse por semanas y la media ronda las £150, lo que supone un total de £600 libras al mes, que al cambio son 672,5€. Ya tenemos aquí 6 053 euros asegurados con los que tenemos que contar sí o sí. A ello, debemos sumarle el transporte (aviones, buses, trenes, metros, etc.), la comida, algún viaje, imprevistos (siempre surgen), material universitario…

Algunos países, como Francia, ofrecen a los estudiantes extranjeros la posibilidad de alojarse en las residencias del CROUS (Centre régional des œuvres universitaires et scolaires), a cargo del Estado y cuyos precios rondan los 250€ por una habitación de 9 metros cuadrados. También te permiten solicitar ayudas propias como la CAF (Caisse d’allocations familiales) para sufragar los gastos de algunos meses de alquiler en función de tu poder adquisitivo. Ahí ya sería el estudiante el que tendría que preocuparse de investigar las facilidades que ofrece cada país de destino.

En definitiva, ser ERASMUS no es barato y las ayudas no cubren ni siquiera la mitad en muchos casos. Antes de solicitar tu plaza, háblalo con tus familiares, haz cuentas, ahorra y sopesa muy bien todas tus posibilidades. La economía es un factor determinante, no ninguna broma.

3. Plan de estudios

«Entré en TeI con un buen nivel de conocimientos en mi segunda lengua, que es con la que quería trabajar como traductora, tanto lingüísticos como culturales, así que me interesaba más profundizar en contenidos relacionados con la traducción directa. Yéndome de Erasmus no ganaba más que la experiencia de vivir fuera a costa de retrasar en cierto modo lo demás, y pensaba que eso ya podía tenerlo al acabar la carrera».

Nieves Gamonal (@surrealitybytes).

 

No te engañes: en el extranjero no vas a encontrar las mismas asignaturas de tu plan de estudios original, sin problemas y sin discutirle un poco a tu coordinador. Más bien todo lo contrario.

Un motivo por el que muchísimos estudiantes deciden no pedir la ERASMUS es por la falta de asignaturas disponibles. No es raro encontrar casos en los que, después de haber hecho la estancia, le comunican al estudiante que no le convalidan lo cursado. La doble matrícula no es barata, y mucho menos grato resulta tener que pasar un año más para obtener el título porque no pudiste aprovechar tu estancia ERASMUS en el plano académico.

Tampoco hemos de cantar victoria en el caso de que nos lo convaliden todo. Sí, es verdad que has conseguido pasar esas asignaturas de cara al expediente académico, pero no habrás obtenido una serie de conocimientos que son necesarios de cara a tu futuro profesional. Siento tener que deciros que en el extranjero no imparten asignaturas sobre herramientas TAO. Es más, lo más frecuente es que allí no estés matriculado en un grado de Traducción e Interpretación, sino en alguno de Filología o Lenguas Modernas. Así las cosas, el panorama es un tanto complicado. En Francia, por ejemplo, no podrás dar asignaturas de traducción EN>ES y a la inversa. Lo único que encontrarás  más o menos parecido serán clases enfocadas a prepararte para las oposiciones francesas, en las que se traduce sin diccionario y sin Internet… Y, como es obvio pero no suele reflexionarse, las traducciones serán del inglés al francés y a al revés (para eso es la lengua materna de allí, ¿no?). ¿Se puede aprobar? Sí (yo lo hice). ¿Te convalidarán la asignatura en el expediente? Por supuesto, y no tendrás que volver a cursarla nunca más. Pero… ¿Te servirá de cara a tu futuro como traductor profesional? Creo que la respuesta ya te la puedes imaginar: no. Y probablemente en verano tengas que ponerte a aprender a manejar Trados… Como poco.

Estos son los inconvenientes académicos que hacen que muchos alumnos prefieran sacarse la carrera en sus cuatro años correspondientes y luego marcharse al extranjero. Además, quedarse en España tampoco es tan malo como parece: el alumnado en las clases se reduce a la mitad y la oportunidad de aprender más y mejor, por tanto, se incentiva. El trato es mucho más personal y se aprovechan mejor las clases.

Por otra parte, hemos de añadir que no se aprecian diferencias notables entre los estudiantes que se marchan y los que no en cuanto a competencias académicas: los alumnos que se quedan sacan adelante las asignaturas con la misma facilidad que los que no. Si acaso, lo que más destaca es la confianza en sí mismos que ganan los estudiantes que pasan unos meses hablando en el idioma extranjero, pero ya sabemos que fluidez y conocimiento de la lengua no son lo mismo. El nivel de idiomas y el aprendizaje de la cultura de otro país pasa, en la mayoría de los casos, por el trabajo propio, y esto los estudiantes que no optan a la ERASMUS lo saben muy bien.

4. Vivienda

A no ser que te lo ofrezca la misma universidad, buscar sitio para vivir también puede convertirse en una odisea. Más allá de los precios, ten en cuenta que estás buscando piso o residencia en una ciudad que no conoces. Es verdad, tenemos Google, pero el idioma y tu ausencia no facilitan el encontrar casa a la primera de cambio. Conozco a varias personas que se tuvieron que ir para allá sin vivienda, quedarse en un hotel y buscarla allí mismo a través de inmobiliarias. Si eres un aventurero y no te importan este tipo de cosas, estupendo, pero la mayoría de los ERASMUS de TeI son muy jóvenes (yo tenía diecinueve años), y los nervios, el idioma y la incertidumbre pueden jugarles malas pasadas.

El no estar allí también conlleva riesgos como llegar y no encontrar lo que te esperabas. No hace falta deciros que en Google hay que ser muy selectivo con lo que encontramos, ni que cualquiera puede enseñar unas fotos que luego no se ajusten a la realidad. Ante esto, yo personalmente recomiendo prudencia, hablar detenidamente con la persona que nos alquila y, por qué no, pedirle una videollamada si es posible para que nos enseñe el sitio. Las universidades suelen poner a disposición de los estudiantes sitios web fiables en los que buscar habitación y compañeros de piso, consúltalos.

Por otra parte, también conviene comentar el tema de las relaciones con tus compañeros de piso, porque ahí juega un papel muy importante el factor suerte y, al igual que al buscar vivienda, nunca sabes lo que te vas a encontrar.

En mi caso, en mi ERASMUS Francia viví en una habitación de 9 metros cuadrados de una residencia del CROUS. Y os puedo asegurar que nueve meses viviendo en una habitación de ese tamaño, si no te gestionas bien, puede llegar a ser un completo caos. El baño era poco más que el de un avión, y el resto de la habitación era básicamente la cama, un frigorífico pequeño, un armario aún más estrecho que el baño y estanterías para tus cosas. En tamaña estrechez no fueron pocas las veces que me agobié y me fui a la calle a pesar de tener que estudiar. Los fines de semana también pueden ser muy largos si es uno de esos en los que te quedas solo y tampoco hay mucho que hacer. Eso sí:  volví hecha una maestra del orden y del almacenaje.

5. Estancia

Junto a la economía, este es, quizás, el punto más importante de esta entrada. ¿Cómo se vive la ERASMUS? ¿Merece tantísimo la pena como dicen? ¿Supone una ventaja de cara a tu futuro laboral? Me gustaría decirte que la respuesta es un rotundo e inequívoco «sí», pero, como casi todo en la vida, depende. Depende de la persona que la viva, de sus circunstancias, de los factores externos que la rodean e incluso de su personalidad.

¿Os acordáis del tema de la economía? Pues bien, interviene directamente con cómo vivas tu estancia. Tened en cuenta que la mayor parte de los estudiantes se toman la ERASMUS no tanto como una oportunidad académica, sino como una experiencia vital. Por tanto, aprovechan para visitar los países vecinos y los de más allá y salir (mucho) de fiesta. Los programas internacionales lo saben y orientan sus actividades a eventos en los que los extranjeros se relacionen entre sí y puedan viajar todo lo posible… Siempre y cuando tengas fondos para ello. Vivir cuesta dinero; viajar, también. Si vas justo, comprenderás que tu prioridad va a ser poder ir al supermercado antes que irte de viaje. Así, tu ERASMUS puede pasar de ser una estancia de viajes y fiestas continuos a un año académico normal y corriente, tal y como el que vivirías en España, pero en un país diferente.

Además, al estar el programa enfocado a este tipo de actividades, aquellos que no puedan o no quieran seguir el ritmo pueden verse relegados a un segundo plano y, en cierto modo, aislados del resto. Esto no tiene por qué ser necesariamente malo: hay miles de personas a las que, como a mí, no les gusta salir de fiesta o simplemente no pueden costeárselo.
También puede pasar que notes el choque cultural y que los habitantes del país extranjero se te antojen poco habladores o te sea difícil entrar en sus círculos. Es más frecuente de lo que puede parecer. Ahí, en función de tus recursos y de tu carácter, te toca decidir si los días más solitarios (que los hay, siempre) no serán un peso para ti.

«A nivel académico creo que me ayudó mucho a la hora de aprender el idioma, porque es muy distinto aprenderlo a través de libros a tener que usarlo en tu día a día para absolutamente todo. A nivel personal crecí mucho como persona, ya que aprendí a vivir sola y a su vez a convivir con compañeros de piso, a solucionar las cosas por mi cuenta y encontrar paz en la soledad».

Anónimo.

 

Siguiendo con el tema de cómo enfocan las universidades el programa ERASMUS, convendría abarcar un poco el asunto de las relaciones con otros estudiantes extranjeros. La tendencia, sin duda alguna, es que se mezclen entre ellos, y esta es una de las cosas más enriquecedoras de la estancia: no solo tienes la oportunidad de conocer el país de destino, sino que también harás amistades con personas de todas partes de Europa y tendrás ocasión de conocer su lengua, hablar sobre sus costumbres y su cultura y compartir (muy frecuente) su gastronomía.

Sin embargo, esto bien puede ser un arma de doble filo: los estudiantes de una misma nacionalidad suelen relacionarse entre ellos y, entre extranjeros, es bastante común recurrir al inglés en caso de que el país de destino no sea anglosajón. La consecuencia directa es que o bien hablas tu idioma materno, o bien hablas un idioma que no has ido a practicar, te rodeas menos de la cultura que te acoge y no aprovechas al máximo la estancia ni alcanzas su objetivo original. Es interesante que tengamos en cuenta cuáles son nuestros fines y cómo llevarlos a cabo. En mi caso, por ejemplo, decidí no relacionarme con españoles (por supuesto, les expliqué mis motivos y eso no quería decir que no habláramos de vez en cuando) y buscar amistades francesas. A día de hoy conservo algunas y es una gran oportunidad para seguir practicando en el futuro y volver de visita al país.

En lo académico, vamos a dejar claras un par de cosas desde el principio: en un año mejorarás la fluidez, pero es imposible que vuelvas hablando perfectamente un idioma extranjero, mucho menos que aprendas su cultura en todas y cada una de sus formas. Tampoco vas a tener el triple de oportunidades de trabajo en el futuro: muchísimos traductores excelentes no pudieron irse al extranjero y a día de hoy no les falta trabajo.

¿Y hay que estudiar? Sí. Y mucho. Al menos donde yo estuve, y me consta que en otros destinos también tratan a los ERASMUS como a un alumno más. Habrá profesores más permisivos, otros menos, pero la asistencia es obligatoria. Tomársela como optativa puede acarrear suspensos que después se reflejarán en el expediente y en la concesión de becas españolas para el año siguiente (en el caso de que seas becario). Yo te recomiendo que vayas a clase, que te relaciones con los alumnos nativos y que, en fin, te mezcles y llegues a ser uno más en lugar de «ese extranjero sentado en una esquina». No solo por las notas, sino por ti mismo y tu integración en el país. Relacionarte con los demás ERASMUS está muy bien, pero no olvides que hay cosas que disfrutar más allá y que aunque al principio sean algo reticentes, los alumnos de tu país de destino también tienen algo que compartir contigo.

«No pisé más de tres fiestas en toda mi estancia. Mi experiencia se basó en practicar inglés conociendo a gente de todos los países y en clase. Investigué su cultura yendo a museos, asistiendo a eventos que organizaban en la ciudad y recorriendo las calles. Estudié como lo habría hecho en España. No viajé todo lo que me hubiese gustado porque no me lo podía permitir. Básicamente, hice mi vida en el país como lo haría en España, pero en un entorno distinto».

 Judit Jiménez (@elidiomadelcine)

De esta manera, aunque en lo académico la ERASMUS no es tan fructífera como parece en un principio, en lo personal supone un gran cambio. Para muchos es una oportunidad de independencia; para otros, un año de crecimiento difícil de olvidar. Verte solo y solventando problemas en un idioma que no es el tuyo ayuda a conocerse a ti mismo, a ganar confianza en tus capacidades y a tener una oportunidad para gestionar y entender tus emociones en los días en los que te asaltan las ganas de coger un avión y volver a casa.

6. Conclusiones

«La ERASMUS es algo tan común que, si no te vas, se extrañan. Entiendo que es por ignorancia, pero la labor del traductor va mucho más allá de saber idiomas o dominar el vocabulario general. No basta con ser bilingüe ni nativo cuando abordas contratos, manuales técnicos, textos de ingeniería hidráulica o de motores de combustión, por decir algunos ejemplos. Los profesionales de la traducción se hacen formándose y practicando, no hay otra».

Fernando Castillo (@fertradav).

 

La ERASMUS no es imprescindible para los alumnos del grado en Traducción e Interpretación, ni la única alternativa para pasar un tiempo en el extranjero. El número de inconvenientes es mucho mayor que las ventajas a la hora de hacer un balance entre los pros y los contras. Además, lejos de lo que se suele creer por lo mitificada que está, la ERASMUS no te asegura encontrar trabajo como traductor antes que aquellos que no pueden disfrutar de la beca. En todo caso, tal y como especificaron algunos de los profesionales del sector que han participado en esta entrada, podría beneficiar en mayor medida a los estudiantes encaminados a ELE (Enseñanza de Español Lengua Extranjera) o a la interpretación.

Otra puntualización que conviene tener en cuenta es que el traductor se hace, poco a poco, con la práctica y la formación. Es esencial el conocimiento de la lengua B, pero lo es aún más conocer nuestra lengua materna en todos sus ámbitos. Más que todas las estancias en el extranjero a las que puedas optar, aprender sobre tu lengua A, estar al tanto del manejo de las herramientas del traductor y formarse día a día en la cultura extranjera son y serán siempre las armas esenciales del profesional de la traducción.

«Se da por hecho que conocemos nuestra lengua materna por haber nacido en un país determinado, pero no es así. Es importante que, como lingüistas, conozcamos la lengua extranjera desde la que partimos, pero lo que es verdaderamente importante —más incluso que conocer la lengua extranjera— es conocer la gramática y la ortografía, así como aprender a redactar con riqueza en nuestra propia lengua materna. Al fin y al cabo, los lectores pertenecen a esa cultura y no a la de origen.».

Patricia Lluberas (@plluberas).

 

Finalizamos recalcando que, pese a sus desventajas, la ERASMUS es una experiencia completamente recomendable. Si tienes la oportunidad y las ganas, coge la plaza. No es una beca perfecta, y tu experiencia puede ser tan buena como cuentan o completamente diferente a lo que estamos acostumbrados a oír. Lo importante es que la ERASMUS la vive el estudiante, y que puedes elegir cómo hacerlo en cada momento. Reflexiona sobre ello, háblalo, pide consejo y vívela como más se ajuste a ti y a tu personalidad. Y si finalmente decides no solicitarla, no te preocupes, no vas a echar por tierra tu futuro: hay mucho más allá. ∎

Diferencias ortotipográficas francés-español (II)

Diferencias ortotipográficas francés-español (II): abreviaturas, comillas y espacios.

Por Aurora C. Mena | 5 de agosto de 2018

∎ En el último artículo hablábamos de algunos aspectos ortotipográficos del francés y el español. Tal y como prometí, aquí os traigo la segunda y última parte correspondiente a estas dos lenguas. No obstante, no cerramos la serie: en el futuro dedicaremos otras dos entradas a estas mismas cuestiones, pero esta vez enfocándonos en el inglés y el español.

Así pues, ¡vamos a ello!

Abreviaturas

Tanto en español como en francés existen dos tipos de abreviaturas: las regulares, que eliminan las letras finales de la palabra (impr. ‘imprenta’); y convencionales, formadas por una única letra o varias no consecutivas (prnl. ‘pronominal’).

En español, la utilización del punto es obligatoria y se puede combinar con el resto de los signos de puntuación excepto en el caso del punto que indica final de enunciado.

El francés no requiere el punto en todos los casos y, como es bien sabido, tiene mucho más naturalizado el uso oral y escrito de las abreviaciones (siglas, acrónimos y abreviaturas).

Hemos de añadir que en francés también existen abreviaturas que se forman eliminando letras de la palabra en cuestión, o bien conservando tan solo la primera y la última. En este último caso no se utiliza el punto: al usar la última letra de la palabra como parte de la abreviatura, no se considera necesario.

Mesdames → Mmes
Boulevard → bd
Administración → admón.

Huelga decir que es imposible conocer todas y cada una de las abreviaturas (con su grafía) de una lengua. Ante la duda, lo mejor es consultar. Aquí os dejo unos cuantos recursos:

Liste d’abréviations, de sigles et de symboles
Quelle ponctuation pour les abréviations ?
Manuel de rédaction et d’édition de l’ONU: abréviations, sigles et acronymes.
Real Academia Española: lista de abreviaturas

Comillas

a) La lengua española escribe las comillas pegadas al texto. El punto, la coma y el punto y coma se escriben siempre detrás de las comillas de cierre.

«En español escribo el punto detrás de las comillas».

Por el contrario, en francés es obligatorio un espacio antes de las comillas (espace insécableespacio irrompible, del que hablaremos en el apartado correspondiente a los espacios) y un espacio opcional tras las comillas de apertura y antes de las comillas de cierre. Es decir:

Después de esta oración voy a marcar espacio como habitualmente  « y en esta cita he puesto otro espacio antes de empezar a escribir, y también después ».

La estructura sería entonces la siguiente (cada _ sustituye un espacio):

texto_«_texto_»_texto

Además, los franceses escriben la coma y punto y coma fuera de las comillas, pero en el caso del punto varía la norma: éste se escribe dentro cuando la oración entrecomillada es un todo independiente y cierra enunciado. Si no, se escribe tras las comillas.

Pierre Reverdy a dit : « Créer, c’est penser plus fortement. »
Raymond Queneau écrivait de l’histoire qu’elle est « la science du malheur des hommes ».

b) Si citamos dentro de una cita (es decir, citamos a un autor que a su vez cite a un autor), en español usaremos las comillas latinas para la cita principal y las inglesas para la cita secundaria:

«Además, la directora también añadió: “no podemos seguir así, la situación tiene que arreglarse cuanto antes”».

La lengua francesa acude sin problemas a las comillas latinas en ambos casos.

Espacios

Por último, resulta muy interesante tratar el tema de los espacios en francés y, más concretamente, los espacios irrompibles (espaces insécables). Como ya indica Pablo Muñoz en su blog Algo más que traducir, se trata de un espacio que hace que la palabra que le sigue no aparezca en la siguiente línea.

Verónica V. nos explica su utilización en el blog Trusted Translations:

Este espacio es particularmente útil en los textos técnicos y científicos, que suelen estar llenos de cifras y unidades de medida. (…) Lo usamos casi siempre que haya cifras, ya que el hecho de que un número y su símbolo o el sustantivo al que modifica queden en la misma línea facilita la lectura.

El francés tiene la particularidad de usar el espacio irrompible en otros casos además de las cifras:

Avant les signes de ponctuation doubles (:  ;  !  ? % =).

À l’intérieur des guillemets français («   »).

Entre les prénom et nom d’un auteur.

Au sein des nombres (ex : 1 000 000).

Avant les tirets demi cadratin(–).

Le code typographique français recommande d’insérer une espace fine insécable devant les signes de ponctuation doubles point-virgule, point d’interrogation, et point d’exclamation, ainsi que comme séparateur de milliers et comme séparateur sans valeur facilitant la lecture des numéros de téléphone ou des numéros et codes d’identification, etc.).

¡Y ya está!

Obviamente, nos hemos dejado en el tintero muchos puntos, pero con estos dos artículos podemos hacernos una idea de la importancia de la ortotipografía en una traducción, pues no solo supone una dificultad añadida, sino que influye directamente en la calidad de la traducción final.

Si necesitas completar o informarte sobre algún aspecto que no hayamos tratado, existen muchísimos sitios web y documentos que consultar sobre este tema. Para empezar, puedes echarle un vistazo a la bibliografía (solo disponible en la versión web para ordenadores), y también te dejo por aquí un par de recursos adicionales:

Signos ortográficos, ortotipografía y normas actuales.
Manuel de typographie française en ligne.

Además, tienes la primera parte de este artículo aquí: Diferencias ortotipográficas francés-español (I): mayúsculas y minúsculas, cursiva y escritura de los diálogos.

BIBLIOGRAFÍA Y ENLACES DE INTERÉS

ARAQUE MESA, María José. (n.d). Análisis contrastivo de las normas ortográficas del francés y el español. Trabajo de Fin de Grado. Universidad de Valladolid.

CRESPO, Juan & David Marín Hernández. (2005). El uso de mayúsculas en español y francés. AnMal Electrónica18. Universidad de Málaga. 

LE ROUX, Nicolas. (2015). Le guide complet de l’usage des majuscules en français. La langue française. Consultado el 15 de julio de 2018.

MONTES, C. B. (2014). La primera pieza del puzle. Estudio de algunos aspectos contrastivos francés-español. 

RAE. (2005). MayúsculasDiccionario Panhispánico de Dudas. Consultado el 15 de julio de 2018.

VELOSO, I. (2004). Ortotipografía comparada (francés-español). Thélème. Revista Complutense de Estudios Franceses, 19, 183–194. 

‣ SOBRE LA AUTORA

‣ SOBRE LA AUTORA

Estudiante de Traducción e Interpretación (FR/EN>ES) y Humanidades. Correctora. Residente en EE. UU. y Francia.

MÁS SOBRE MÍ

‣ SÍGUEME EN...

2 días ago
Como he recibido varias solicitudes, si estáis pensando en solicitar un programa de mentoría conmigo escribidme a patricia.lluberas (arroba) https://t.co/USzTvo9j5P con vuestros datos y contadme si sería un programa de prácticas de estudiante o bien de tutoría profesional. https://t.co/UJpCGal1R7 auroracmena photo
3 días ago
Que los niños tengan acceso a contenido pornográfico cuando no han recibido ninguna educación sexual y probablemente poca o ninguna educación en igualdad, tiene estas consecuencias. Gracias @CarmeChaparro por contarlo.

https://t.co/jeTXfr3SgP

Pin It on Pinterest